BITCOIN Y REAL ESTATE (PARTE II)

BITCOIN Y REAL ESTATE (PARTE II)

Aunque las dudas sobre su valor intrínseco y los fundamentos detrás de su escalada no hayan desaparecido, el mercado de criptomonedas vive en un prácticamente constante estado de euforia.


Muy recientemente, una plataforma logró ingresar en la tan anhelada bolsa de comercio de Wall Street. Dato no menor, ya que estamos hablando de una de las plataformas más grandes de criptomonedas del mundo.


Es un hito, por ser la primera en Wall Street. Y además es una señal muy importante, porque si muchos especulaban con que se podía regular duramente a las criptomonedas, que una empresa esté en el Nasdaq habla de una asimilación del sector.


La adopción también llegó a los grandes jugadores del mundo de los pagos. Visa, Mastercard, PayPal, Apple Pay empiezan a dejar pagar con cripto, y todo eso contribuye a impulsar su precio hacia arriba.

 

 

Cuál es el futuro (cercano) del blockchain y el real estate?
La mejor explicación que he leído ha sido la del periodista Jorge Zanoletty Pérez:

“Tengamos en cuenta que el uso de la realidad virtual va a terminar consolidándose tarde o temprano, y que todos los desarrollos existentes tendrán que existir en 'alguna parte'. 

Cuando Zara cree una tienda virtual e inmersiva, que todos podamos visitar mediante cascos de realidad virtual, esa tienda quizá esté dentro de un centro comercial, y ese centro comercial virtual tendrá que existir en algún lugar.

Ese lugar podría ser el metaverso que propone Decentraland.”

“Y del mismo modo, cuando las oficinas físicas dejen de existir y acudamos a una oficina virtual en la que interactuar de manera colaborativa en el ciberespacio con nuestros compañeros de trabajo, la empresa para la que trabajamos necesitará tener una sede central virtual, que también podría estar en el metaverso.”
 

 

Tiempo atrás, cuando muy de a poco nacía la idea de que todas las empresas, organizaciones, oficinas de noticias, estén nucleadas en un solo lugar al que rápidamente se pudiera acceder, nadie concibió la internet, hasta que se hizo. Imaginen nada más haber formado parte de una
inversion inicial en ‘internet’... hoy uno sería millonario.

Si todo esto suena a un libro de Ray Bradbury o una película de ciencia ficción, piensen solo en esto:

Si, viviendo en el 1800, me hubieran dicho que algún dia habría una nave que nos llevaría a la luna, no lo hubiera comprendido.

Si, viviendo en el 1900, me hubieran dicho que un dia habría pequeños rectángulos de plástico que reemplazarían el tener que ir con efectivo encima, no lo hubiera comprendido.

 

 

Es decir: el primer paso es entender y aceptar que no sabemos todo, y que lo que no comprendemos no tiene por qué ser algo que ‘no sirve’.

Somos criaturas del ‘no’ e hijos del rigor; y para el ser humano es sumamente ‘anti-instintivo’ abrirse a aceptar algo nuevo.


23 de Marzo, 2022